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miércoles, 14 de febrero de 2018

Cuento "Sisiyayas"

En el año 2013 fue publicado mi primer cuento infantil de terror, llamado "Sisiyayas".  Me inspiré al recordar algunas de las historias que me contaba mi tía Leticia durante mi niñez.



SISIYAYAS

Patricia Araya

— ¡Qué pereza, mami! ¿Está segura de que tenemos que ir?, — fue la exclamación que dirigió Pablo a su madre, mientras Karen, su hermana pequeña, lo tomaba de la mano.
— Sí, estoy segura; ya te lo dije: tu tía los va a cuidar mientras yo tengo que ir a trabajar. Ya sé que mañana es sábado pero serán sólo unas horas. Además, ¿de qué te quejás? Ella no es mala gente, ¿cuál es el problema?, — lo interrogó su mamá.
Pablo se limitó a hacer una mueca muy leve y no respondió.
  — A ver, decime...¿cuál es el problema? ¿Por qué te molesta tanto ir a su casa? Ven películas que sólo ella consigue, comen golosinas que yo no les daría y hasta los deja jugar con los juguetes que ha ido coleccionando a lo largo de los años... y bien sabés que no son los típicos ositos de peluche, muñecas de trapo o barbies que todo mundo tiene. Bueno, eso sí, también tiene desde muñecas hasta transformers, pasando por los traídos desde Japón, esos personajes de las series que tanto te gustan y de los que tanto pasás hablando.
Lo que la madre del reticente niño no sabía era que detrás de la fachada de una típica tía “buena nota” que la querida hermana de su esposo, o sea su cuñada, le presentaba a los adultos, había oculta una mujer bastante siniestra que siempre lograba asustar a sus sobrinos cuando ellos la visitaban. Lo lograba de todas las maneras posibles, por lo que ellos se referían a ella como la “Tía Asustona”.
Precisamente, los niños estaban pensando en eso mientras su mamá los trataba de convencer. Al final, Pablo, resignado, habló por los dos niños y dijo
— Bueno está bien; vamos. ¿Pero puedo invitar a Manuel? Es mi mejor amigo y como le he contado tanto de mi Tía Asust... — se interrumpió al darse cuenta que su boca lo había traicionado.
— ¿Asust... qué?, le pregunto su madre, intrigada.
— Azucena — corrigió Pablo con destreza, — A Manuel le gustaría mucho conocer a mi tía Azucena. ¿Puede venir? Claro, si no hay problema...
Su madre meditó por un segundo.
— A los padres de Manuel no les importaría que la vaya a conocer, creo — resolvió.
Lo que el pobre niño pensaba en realidad era “si llevo a un amigo, a mi tía no se le va a ocurrir contarnos ningún cuento de terror”. Era una bendición que su mamá no pudiera leer mentes.
Media hora después, Pablo vio a su madre asomar la cabeza a su cuarto. Con una sonrisa, ella anunció:
— Ya hablé con tu tía y está encantada de que vayan. Está todo listo; mandale un mensaje a Manuel y dile que pasamos por él a eso de las siete y media de la mañana. Sus papás también dijeron que estaba bien.
Según Pablo, Manuel era su amigo “valiente”. Pero en realidad Manuel no era más que un niño muy malcriado; no le importaba faltarle el respeto a cualquier otro niño, o incluso a los adultos. A decir verdad, Pablo estaba tan cegado con él como su madre lo estaba con la Tía Azucena.
A las ocho de la mañana ya estaban todos en casa de la Tía Asustona. Viviana, la mamá de Pablo, agradeció sinceramente a la hermana de su esposo el favor de cuidarlos; se despidió y se marchó prometiendo no retrasarse. Su cuñada la acompañó hasta el portón externo.
Cuando la Tía Azucena ingresó de nuevo a la casa, Manuel se mostró un poco hosco y sólo dijo:
— ¡Tengo mucha hambre! ¿Por lo menos tiene pan para que que coma?
Pablo y Karen se miraron asustados, nadie le hablaba así su tía. Pero, por otro lado, Pablo se dijo “¡Bien, así no nos va a asustar para nada!”. La tía ya les había preparado un rico desayuno con un montón de cosas deliciosas y hasta con algunos pastelitos.
Después de la comilona, los dos pequeños sobrinos agradecieron a su tía y se levantaron para recoger y lavar los platos. Era la costumbre; ya fuera que ellos estuvieran en su casa o que ella fuera de visita a la de ellos, tía Azucena los había acostumbrado a dicha labor. No obstante, Manuel se limitó a lanzar un eructo e ir a buscar el control remoto del televisor.
— Perdoná Manuel, — dijo la Tía Asustona —, pero en esta casa cada quien lava lo que ensucia y ayuda a los demás a tener todo limpio y ordenado.
— Ya... ¿Y a mí qué? — replicó el niño con una voz petulante, — Yo no vivo aquí así que....
Pablo fue corriendo donde su amigo y le dijo:
— Recordá en qué quedamos: ¡tenés que ayudarnos!
Manuel entornó los ojos y con voz impaciente espetó:
— Sí, sí ya. Ya voy, ya voy...
— No deberías hablar así pequeño — lo confrontó la mujer con voz serena, pero firme, y mirándolo directamente a los ojos. Él apartó la vista, mortificado, y se dirigió a la fregadero.
Cuando todos salieron de la cocina, notaron que el comedor ya estaba dispuesto para una mañana de juegos de mesa.
— Vas a ver qué divertidos son — le adelantó la pequeña Karen a Manuel, tomándolo de la mano para acercarlo a una silla.
El niño malcriado se sacudió a la niña con violencia.
— ¡Soltame, pulga! ¿Quién te dio permiso para agarrarme la mano? ¿Te gusto, o qué? — la regañó con desprecio.
— Manuel — dijo la tía con voz severa, — esa no es una buena forma de tratar a una niña pequeña. De hecho, no es una buena forma de tratar a nadie. ¿Me entendiste? —los ojos de la mujer no mostraban cólera, pero sí infundían un respeto profundo.
— Si, si ya, ya sé, no me regañe. — replicó el niño, — Ya, sé que no estoy en mi casa; me voy a portar bien — agregó, con poca sinceridad.
Después de jugar, todos prepararon el almuerzo sin protestas de parte de ningún niño, aunque durante todo el proceso se escuchó varias veces a Manuel decir “sí, sí ya; ya voy a recoger eso”; o “sí, sí ya; ya voy a lavar aquello”, siempre en un tono altanero y cansino. La tía apretaba los labios y miraba a su alrededor, luego miraba al niño con preocupación.
A eso de las dos de la tarde, la tía sugirió que vieran una película.
— Pablo, ¡sí que sos mentiroso!, — lo increpó Manuel de pronto. — ¡Llevamos aquí un tanate de horas y yo no veo que ella sea la “Tía Asustona” de la que con tanto miedo hablás en la escuela!
Los dos sobrinos de la mujer palidecieron al instante.
— ¿Así que soy la Tía Asustona?, — dijo la tía Azucena, poniéndose de pie y mirando a los dos sobrinos. Su mirada era tan misteriosa que esta vez Manuel retrocedió un paso y hasta deseó estar en su propia casa.
—¿Querés oír una de mis historias? — lo interrogó ella, — Porque lo que yo cuento son historias, no leyendas urbanas ni cuentos de mentiras. ¿Te contó mi sobrino quién soy en realidad? ¿Qué soy en verdad?
El niño se estremeció; no sabía qué responder.
— Nno, nno me dijo; si, si ya... — balbuceó, sin coherencia
— ¡Silencio!, — ordenó ella—. ¡No quiero que volvás a decir eso mi casa!
La voz de la tía nunca se levantó de tono, pero desbordaba autoridad.
— Bien, les contaré una historia; hoy no habrá película. Vení Manuel, sentate aquí a la par de mí — dijo la mujer, con un tono que haría obedecer a una piedra. El invitado buscó a su amigo con su vista, pero éste ya estaba sentado en otro lugar con su hermana, tomándole la mano. ¡Cuánto deseó esta vez tener las pequeñas manos de Karen entre las suyas! Se sentó resignado donde la Tía le indicó y la miró en silencio; no podía dejar de mirarla.
La mujer empezó a hablar con un tono grave.
Casi parecía una persona diferente.
— En primer lugar, te voy a decir algo: mi madre era indígena; su abuelo era el zukia de la tribu. Mi hermano y yo tenemos sangre indígena más pura que muchos otros. Justo antes de morir, mi abuela me dijo que yo era especial. Me dijo que Sibú se veía en mis ojos y se escuchaba en mis oídos. ¿Qué quiso decir? Quiso decir que puedo ver y escuchar lo que hacen las tribus del más allá. ¿Entendés? Pero no demos rodeos; escuchá la historia que te voy a contar:
"En un lugar cerca de aquí, donde hay un enorme árbol con ramas que más parecen miles de brazos, vivió un hombre. Estaba casado con una buena mujer, quien le dio cinco hijos. Él logro buenos negocios; tenía tres casas que alquilaba y le producían bastante dinero. Pero este hombre era malo, muy malo. No era malo con todo el mundo... solamente con su familia. Todos los días llegaba borracho; le pegaba a su esposa y también a sus hijos sin importar si los pequeños se habían portado bien o mal. Los agarraba a fajazos hasta que se cansaba y se iba a dormir la borrachera".
"No creás que a la mañana siguiente les pedía perdón por la crueldad; no. Los miraba con esos ojos suyos, llenos de odio, y al salir les decía: 'No sé a qué hora regreso, ¡pero ya saben la que les espera!'. A pesar de tener mucho dinero, nunca les compró nada. Apenas les daba el arroz y los frijoles; no le daba plata a su esposa para comprar verduras o huevos en el mercad, y la carne ni siquiera sabían qué sabor tenía. ¡Con decirte que si comían otra cosa además de arroz y frijoles, era gracias al comedor de la escuela! ¡Sí, estoy segura que a vos no te gusta lo que te dan allí, niño ingrato! ¡No sabés la suerte que tenés!"
"La pobre madre salía a trabajar como lavandera para así comprar aunque fuera papas y plátanos, y las cosas más básicas que los niños necesitaban. Ese malvado padre tenía más compasión por los perros de la calle que por sus propios hijos. Para demostrar que tenía mucha plata, se compró anillos, pulseras y cadenas de oro, pero de oro grueso y pesado... y para terminar, se fue donde un dentista y le dijo que le forrara los dientes en oro puro. Así que su sonrisa pasó de blanca a dorada, ¡y vieras cómo brillaba en la oscuridad!"
"Como no confiaba en los bancos, porque decía que ahí se robaban la plata de la gente tonta que le daba el dinero a un montón de maleantes con corbata, guardaba toda su fortuna en una caja fuerte, pero nadie sabía dónde estaba escondida. Y como es lógico, nunca le daba de ese dinero a su familia. Sus amigos le decían que fuera mejor con su familia, pero él sólo decía 'Sí, sí, ya. Ya voy a cambiar'; aunque nunca lo hacía".
"Una madrugada, él venía bien borracho para su casa y con el pisuicas metido. En el camino, agarró un palo grueso y fuerte y dijo: 'voy a pegarle a esos chiquillos—sus propios hijos—hasta que el palo se me quiebre'. Pero dio la mala suerte para él que con lo borracho que venía y la oscuridad de la noche, no pudo ver un gran hueco y se cayó adentro; se desnucó y ahí mismo se murió".
"Al día siguiente, lo encontró su esposa. Lo sacaron y la pobre tuvo que vender todas las cadenas y demás para pagar el ataúd, el funeral y el cementerio. Al final no les quedó nada. Unas noches después, la familia empezó a oír unos ruidos extraños. Los ruidos eran cada vez más frecuentes, pero como todos tenían miedo, rezaban y se tapaban con las cobijas para poder dormir".
"Una noche, de pronto, todos despertaron a la vez y vieron con horror algo brillante flotando en el aire, en el centro de la habitación: ¡los dientes de oro! ¡Eran los dientes de oro del muerto! Pero no estaban 'riendo'; no, más bien parecía que salían quejidos de ellos: '¡Ay, ay! ¡Cómo me duele! ¡Que alguien me ayude! ¡Por favor! Ya déjenme en paz!', rogaba una voz horrible que salía de la dentadura. 'Alguien, quien sea, ¡por favor! ¿puede ayudarme?', pero nadie podía hacer nada; ¡a todo el mundo le daba terror!"
"Así pasaron muchas noches, hasta que en una de ellas, la hija más pequeña fue al baño y, al abrir la puerta, vio ahí en el sevicio al fantasma de su padre sentado y llorando; sus dientes, siempre de oro, brillaban y parecían atormentarlo".
“'En vida fui muy malo con ustedes, y ahora veo y siento todo lo que les hice sufrir. ¡Y duele tanto! Lo único que puedo hacer ahora para apaciguar un poco mi sufrimiento es tratar de que vivan una vida mejor, así que te voy a decir dónde escondí la caja fuerte. No puedo estar tranquilo sabiendo que eso esta ahí, y todo lo que hay en ella es para vos, tu mamá y tus hermanos...¡Por favor perdónenme!', le dijo el espectro".
"Así fue como encontraron la fortuna. En la caja había un testamento donde todo se lo dejaba a la esposa; estaban las escrituras no de tres sino de seis casas (una para cada hijo), dinero, mucho dinero y joyas. Vendieron las joyas, ya que ninguno quería tenerlas, y con el dinero guardado más lo que les dieron por las joyas pudieron vivir tranquilos hasta que los hijos e hijas se hicieron grandes y tuvieron su propia vida. Finalmente, una noche se les volvieron a aparecer los dientes de oro y de ellos salió una voz que les decía: 'Gracias por perdonarme; ahora debo pagar el resto de mi sentencia y purgar mi pena; debo cumplir mi castigo. Pórtense bien y sean buenos con todos... así quiera Dios no tengan que volver a verme nunca más. Tengan cuidado de nunca llamarme; ¡nunca invoquen a los Pajes de las Sombras!' Desde entonces, los Pajes de las Sombras se llevaron el alma de ese hombre y su familia no volvió a ver la aparición jamás".
La historia había terminado; todo estaba en silencio. Los tres niños se miraron asustados. Manuel, al notar su momento de debilidad, fingió valentía y protestó:
— ¡Pero esa historia no da miedo! ¡Tuvo un final feliz!
Entonces, la Tía Asustona miró a los niños seriamente y les preguntó:
— ¿Y cómo creen que el muerto tiene que pagar la sentencia o purgar la pena? Querido Manuel, como te dije, yo a veces puedo ver las almas de los que se han ido, de los que ya no están aquí... pero también veo las almas de los que están en peligro de irse antes de tiempo... y vos, mi pequeño, estás en ese grupo.
La cara de Manuel se puso blanca como el papel. Su arrogancia desapareció junto con su aparente valor.
La mujer prosiguió con una voz que no manifestaba ni un asomo de broma.
— Manuel, vos pasás llamando a los Pajes de las Sombras; en las pocas horas que llevás en mi casa los has llamado por lo menos unas diez veces.
El niño habló con voz trémula, a punto de estallar en llanto:
— ¿Pero cuándo? ¿Cuándo he llamado a los Pajes de las Sombras?
— Manuel, — explicó la mujer, — a los Pajes de las Sombras también les dicen “las Sisiyayas”. Cada vez que con enojo y malacrianza decís “sí, sí, ya; ya" tal cosa o tal otra, los estás llamando... y te lo aseguro, ya te escucharon y vienen por vos. Te veo en peligro; el que seas un niño “pequeño” no te da el derecho de ser grosero ni irrespetuoso con los demás, y menos con tus padres. Si seguís por ese camino, primero vas a empezar a oír ruidos en el techo de tu casa, como de animales pequeños que caminan por él. Luego vas a escuchar rasguños de uñas diminutas en las paredes; más adelante, empezarán a aparecer luces pequeñas flotando a tu alrededor en la oscuridad. ¡No te dejés engañar! ¡Nunca, nunca dejés que te toquen! Esas son las Sisiyayas: una vez que te tocan, te llevarán al otro mundo en cuerpo y alma y te harán su sirviente.
El resto del día, Manuel fue un niño ejemplar. Por desgracia, para cuando el niño abrió sus ojos la mañana del domingo, había vuelto a ser el mismo de siempre.
Sus papás y su hermano salieron de paseo, pero él, por pereza, no quiso acompañarlos. A la familia no le quedó más remedio que dejarlo solo en su casa. Manuel trató de dormir, pero el ruido de gatos que caminaban por el techo le impidió conciliar el sueño.
Cuando sus padres y hermano regresaron, el niño estaba de pésimo humor porque se había aburrido terriblemente. Tiró al suelo la comida que le habían traído y, gracias a su rabieta, lo enviaron a su habitación en el segundo piso de la casa hasta la hora de la cena. Como protesta, el niño encendió su equipo de sonido y se puso a oír música a todo volumen, lo cual le impidió escuchar arañazos leves, pero constantes, dentro de las paredes.
A la hora de la cena, Manuel lloraba de rabia en la oscuridad. Cuando su mamá lo llamó, solamente le gritó
— ¡Sí, sí, ya! ¡Ya voy a...!
Fue en ese momento cuando pudo ver el brillo de muchas luces diminutas. Las luces aparecían y desaparecían, acercándose a él lentamente.
Envalentonado por la cólera, el niño trató de apartar la luz más próxima a sí de un manotazo...
Esperaba ver la minúscula luz rebotar con violencia contra la pared, pero más bien sintió un dolor intenso cuando la piel de su antebrazo tocó el tenue resplandor.
Aunque trató de sacudirse la luz adherida a su piel con la otra mano, no lo logró. Creyó que iba a sentir algo suave al tocar la fuente de ese brillo... después de todo, las luces se veían como motas de algodón brillantes. Pero cuando el niño acercó su brazo a sus ojos para ver mejor, palideció.
¡Lo que tenía prendido a su carne era una diminuta dentadura dorada!
Trató de gritar, pero su garganta seca y la sangre helada en su cuerpo se lo impidieron. El niño podía observar cientos de dentaduras, brillantes y minúsculas, flotando en el aire cada vez más cerca de él.
Estaba paralizado.
Sintió otro piquete en su cuerpo... y otro... y otro más. Al abrirse, las dentaduras dejaban escapar silbidos que bien parecían escucharse como “sí, sí”. Cuando se cerraban, producían chasquidos que sonaban como “ya, ya”.
Una lágrima de arrepentimiento corrió por la mejilla del niño, pero ya era demasiado tarde.

domingo, 9 de abril de 2017

Mall Paseo de las Flores

Muy felices de haber compartido con algunos gatohólicos que visitaron y adquirieron nuestro libro Gatohólicos Anónimos en el Paseo de Flores.


















Un gran honor dedicar un libro para sus dos hermosas gatitas

Vean que hermoso vestido

Este pequeño peludo es de verdad :3
Muy feliz con su libro

Muchas gracias por su gran apoyo.  Sigamos maullando

martes, 24 de enero de 2017

Ilustraciones de Gatohólicos Anónimos

Aquí están los hermosos dibujos que hizo la ilustradora Melissa Garro de Tierna y Ben, de ¨¡Soy una cazadora!¨, Missy, de ¨Missy y la magia calicó¨, y la familia gatuna de ¨¡Se cayó la luna!¨.  Estos cuentos se encuentran en el libro Gatohólicos Anónimos.  Espero que los disfruten.


martes, 27 de diciembre de 2016

Una lectora prendada

Es muy agradable cuando sabemos la opinión de nuestros lectores, como por ejemplo el comentario de la escritora Ana Elena Baltodano (Anel), quien compró Gatohólicos Anónimos y al terminar la lectura nos compartió el siguiente comentario:
Muchas gracias Anel y quiero recomendar su libro Cofrecito de Sueños de la editorial ClubdeLibros.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Conozcamos a la ilustradora de Gatohólicos Anónimos


Yelena Vargas Ruiz es la ilustradora que realizó el arte para la portada y la contraportada del libro Gatohólicos Anónimos. Es una talentosa joven de personalidad cálida que también ama a los gatos, aunque no tiene ninguno. En lugar de gato, tiene un perrito llamado Charlie, el cual es también el fiero guardián de la casa. A continuación, presentamos parte de nuestra conversación con Yelena.

¿Qué técnicas de dibujo maneja?
Son varias. Entre las técnicas tradicionales, trabajo lápiz de color y pintura. En el campo digital, uso Photoshop.

Y en cuanto al tipo de dibujos, ¿cúal le gusta más trabajar?
Busco un estilo propio. Puedo hacer realismo y me gusta pero más bien ando buscando algo más alejado del realismo, algo que sea como un estilo que usted vea y diga “este es el estilo de esta ilustradora”. Hay muchos ilustradores que ya lograron eso, yo todavía no. El realismo me gusta pero lo veo más enfocado como para retrato o como para arte en sí más que para editorial. Por supuesto, todo depende del tema del libro; hay libros que se prestarían para un dibujo más realista.

¿Cuál ha sido su trabajo más retador?
Soy todavía estudiante y solo me falta el proyecto de graduación de diseño gráfico. Me vendo como ilustradora y no tanto como diseñadora. Experiencia todavía tengo poca; aunque me han contratado para ilustraciones no solo para libros, sino para aplicar a productos. He tenido la suerte de que me han contratado de España: me pidieron un patrón. Era para vender en Europa, pero busqué algo como de identidad de CR, por eso me inspiré en los árboles florales para hacerlo. Lo más retador han sido materias de la universidad y logotipos, porque requieren toda una estrategia para su elaboración. Las materias que han sido un reto para mí han sido Ilustración analítica e Ilustración anatómica. Por ejemplo, en mi ilustración, la de la chica sin piel a la que se le ven todos los músculos, la modelo original por supuesto tenía piel. Aunque mucha gente usa un modelo ya sin piel, yo quise aprender cómo ver los músculos, por lo que el trabajo fue no solo copiar, sino también analizar cómo están las cosas. He participado en la exposición “Alta Resolución” de mi universidad.

¿Ha ilustrado fantasía o terror?
En esa línea, he dibujado huesos y calaveras; no he hecho criaturas fantásticas todavía. Sin embargo, he dibujado las leyendas costarricenses, lo cual sería un acercamiento a ese campo, si bien no profundamente.

¿Cómo obtiene la idea conceptual para sus ilustraciones?
Primero hago un pequeño estudio de referencia visual; busco qué se ha hecho para no caer en repetición, si es algo que se ha trabajado mucho. Una vez visto eso, formulo el concepto. Por ejemplo, en el caso de mi ilustración de la Segua, no quería que fuera simplemente la chica con cara de caballo de una vez, sino que yo quería una combinación. Quería que estuviera primero guapa pero con un aire de que la Segua ahí esta.
 Una vez pensado eso, empiezo con sketches rápidos, para ver ideas. Puede ser una sombra, o si de repente era mejor que la cara ya se le estuviera transformando. Luego me decido por una idea, que es la que finalmente quiero representar.

¿Cuál es su sueño como ilustradora?
Me gustaría trabajar para una editorial; ser la ilustradora de esa editorial. También hay agencias internacionales de ilustradores que trabajan a modo remoto; eso también me gusta mucho. Buscan que el ilustrador tenga un estilo bastante definido, por eso todavía no he aplicado, pero es una meta que tengo al futuro.

lunes, 31 de octubre de 2016

Los primeros GA

La primera compradora
Este pasado fin de semana (29, 30 de octubre 2016), fue el lanzamiento del libro "Gatohólicos Anónimos", muchos gatohólicos ahora tienen el libro en sus manos.

He aquí algunos de ellos junto con los escritores del libro o posando con su librito.

La primera venta fue a las 10:30 am =)





A pesar de que llovió mucho, eso no impidió a estas lindas gatohólicas llegar por su ejemplar.
No importó la lluvia


¡Mil gracias por el GRAN apoyo!

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Estas dos lindas GA obtuvieron un 10% de descuento porque nos dijeron la clave exclusiva para el lanzamiento del libro.  ¡Muchas gracias por compartir con nosotros!

Karol y su hijita

Aquí esta preciosa GA espera para recibir su libro dedicado por una de las escritoras, mientras otro escritor está dedicando otro de los libros.



Les comentamos que Patrizia Gallo tendrá a la venta esta semana en Casa Gatuna el libro Gatohólicos Anónimos.  ¡Esperamos su visita!

Muchas gracias, Patrizia Gallo, por su apoyo.

jueves, 27 de octubre de 2016

Prógolo, el visitante misterioso


Prógolo

Prógolo fue un gato de edad adulta y tamaño mediano que, una noche, se acercó al portón de una casa. Su maullido le indicó a los habitantes de la misma que el felino tenía hambre. Como a ellos les gustaban los gatos y les pareció hermoso el brillante pelaje color azabache del recién llegado, le abrieron el portón. El visitante entró a la vivienda y comió a su gusto; se notaba que le gustaba la compañía humana. Aunque la pareja dueña de la casa creyó que podrían conservarlo, con el avanzar de las horas, el gato negro, inquieto, maullaba más y más para que lo dejaran salir de la casa.

Extrañados por el comportamiento del huésped nocturno, le abrieron la puerta, pensando que él pediría que le abrieran el portón también para marcharse. Sin embargo, el visitante no lo hizo. Se acomodó al frente de la puerta, en el suelo, para dormir.

Entonces ellos le prepararon una cajita de cartón, la cual el gato aceptó de buen grado como su cama. Allí durmió feliz toda la noche y, al llegar la mañana, pidió que le abrieran el portón para marcharse.

La noche siguiente, el gato regresó a la casa de la pareja. Ellos tenían un papelito en el que habían hecho un dibujo precario de un gato y en él habían anotado el nombre “Prógolo” hacía tiempo. Bromeando, habían prometido que su siguiente gato se llamaría así. Fue de ese modo que el gato negro pasó a llamarse Prógolo.

Prógolo era dulce y cariñoso, pero emitía un característico bufido cuando algo lo molestaba. Esa era su señal para que le abrieran las puertas. Cuando salía, se dedicaba a pedir comida en algunas casas a lo largo de la calle para luego perderse en los tejados. Así pasó alrededor de un mes.

Una noche, Prógolo no regresó a la casa. Tampoco apareció su cadáver ni los vecinos reportaron ningún incidente. Prógolo sencillamente se esfumó de la misma manera que había llegado al barrio. Por su familiaridad con los humanos, era posible que estuviera perdido y que por fin hubiera encontrado el camino de vuelta a su hogar. Todos esperamos que sí. ¡Hasta la vista, Prógolo!

Prógolo inspiró el relato “La niña, el escritor… y el gato”, que es parte del libro Segmentos en la vida de un monstruo y otras historias fantásticas. Puede leer este cuento AQUÍ.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Lamme, la calicó que se refugió en una humana


Lamme
En una tarde muy fría de julio hará unos cuatro años; mientras regresaba caminando a su hogar, una mujer escuchó los fuertes maullidos de un gato bebé. Como en su linea de visión observó a un joven sacando su celular, creyó que se trataba del tono de llamada del mismo; pero al seguir escuchando los maullidos después de que el muchacho contestara su aparato, se percató que estaba oyendo a un gatito de verdad.
Buscó a su alrededor y encontró en unos matorrales a la orilla de la calle un par de ojitos que la miraban con miedo, pero a la vez le rogaban por ayuda. Era una pequeña gatita calicó (una gata tricolor, con manchas negras, marrón y blancas). Era la primera que la joven había visto en “persona” en su vida. La levantó y la pequeña felina con frío aprovechó el momento, y en un parpadeo se refugió dentro del abrigo de la mujer, cuando ésta la acercó para calentarla. 
 
Lamme posando
La gatita fue llevada a una veterinaria cercana para que le encontraran una familia adecuada. Sin embargo, la mujer no soportó la idea de no saber que pasaría con la pequeña felina, así que cinco días después, regresó con su esposo a la veterinaria; quería adoptar a la bebé felina que había dejado al cuidado de los encargados de dicho lugar. 
 
Por fortuna para la joven, la doctora también tenía la esperanza de que fuese ella quien la adoptara, por lo que había estado esperando a que la salvadora de la gatita regresara. Una vez adoptada la bebé gata, se le dio el nombre de Lamme.
Ahora ella es una gata adulta muy hermosa; como era tan diferente a cualquier gata que la pareja había adoptado antes, se pusieron a investigar que “tipo” de felina era. A darse cuenta de lo especiales y diferentes que son las calicó, se sintieron afortunados de haberse topado con una. Lamme fue la inspiración de la gata “Gitana”, que aparece en el cuento “Por eso soy su médico”. Su historia es parte del libro Gatohólicos Anónimos.

martes, 25 de octubre de 2016

Lanzamiento del Libro Gatohólicos Anónimos

Reciban una cordial invitación al lanzamiento del libro Gatohólicos Anónimos. Será en el primer piso de Plaza Real Cariari 29 y 30 de octubre, de 10:00 am a 7:00 pm, costo del libro: 5.000 colones. Aquí se puede leer la entrevistas a los autores


lunes, 24 de octubre de 2016

Missy, la gatita calicó


Missy.
Missy, la gatita calicó
Así cuenta la historia la mamá humana de Missy: esta mágica gatita aparece en el Instituto Tecnológico de Costa  Rica, en una soleada mañana del mes de Abril. Fue ahí en donde lanzó su primer dosis de magia calicó, conquistándome con  su dulce  "miauuu" y sus ojos color verde aceituna; desde ese momento se inicia esta historia de amor gatuno, cuando decido adoptarla y llevarla a la casa.
 
Ella es una valiente gata que nos ha acompañado por 14 años; es una fiel defensora de  cada integrante de la familia y adora hacernos regalos no muy comunes (culebras). Sus característicos colores naranja, blanco y negro se lucen en un suave y largo pelaje, el cual no podrás resistir acariciar. 

Puedes conocer más sobre ella en el relato “Missy y la magia Calicó” en el libro Gatohólicos Anónimos. 

 

domingo, 23 de octubre de 2016

Tigro y Dr Pipi Segundo: los gemelos milagrosos

Tigro y Dr Pipi Segundo (Dr Pipi)

Estos pequeños felinos fueron rescatados a escasos ocho días de nacidos, cuando su mamá fue ahuyentada por maquinaria pesada en una demolición.

Dr Pipi Segundo a los quince días.
Tigro a los quince días
Muchas personas les auguraron pocas probabilidades de vida ya que les urgia una madre nodriza (especialmente porque el menor estaba tan débil que apenas se movia); pero estos pequeños gemelos se aferraron a la vida.




Tigro y Dulúu
Gracias a los cuidados de sus padres humanos, que incluían desvelos, entrenamiento y atención médica, estos bebés superaron su estado de peligro y ahora son dos grandes y hermosos felinos adultos.


Tigro es el más grande de los dos (también es el mayor); es muy cariñoso y es el primero en aceptar a nuevos miembros de la familia.  Le gusta proteger a los más pequeños.


Dr Pipi Segundo
Dr Pipi Segundo (su nombre fue dado en honor a un gato muy querido y peculiar, llamado Dr Pipi o Ace) es más pequeño y delgado.  Quién no lo conoce pensará que él es distante e indiferente, pero en realidad es también muy cariñoso y dulce.




Su historia de supervivencia está narrada en el cuento "Mamá gata" (donde aparecen como ellos mismos), y también aparecen en el relato "¡Soy una cazadora!", interpretando a El Doctor y El Tigre.  Si desea leer estás historias, las puede encontrar en el libro Gatohólicos Anónimos.


viernes, 21 de octubre de 2016

Bengalí, un gatito de voz potente

Bengalí, el gatito de voz potente

Bengalí fue llevado a un refugio de gatos; estaba flaco y era más pequeño que otros gatitos de su edad. Durante el tiempo que permaneció en la casa cuna (tres días), él sin querer evitó que sus cuidadoras lograran dormir esas noches. Su voz potente causaba que sus maullidos fuesen muy fuertes y escandalosos.

El día que llegó la pareja afortunada (que él adoptó como padres), hizo todo lo posible por destacar entre los demás felinos que se encontraban en el lugar.  Al hombre le encantaba su potente voz, pero como acababan de adoptar a una gatita negra, no estaba seguro si podían llevarlo a él también.  Cuando ya se iban a marchar, Bengalí se sentó sobre un libro de la pareja y los miró con unos ojos tan suplicantes que ahí mismo fue llamado Bengalí y fue así trasladado a su nuevo hogar junto a su ahora nueva hermanita.

Tuvo que someterse a una pequeña cuarentena, ya que tenía un cuadro de diarrea severo que podía contagiar a los demás gatos de su nueva manada; dos de sus hermanitas lo acompañaron en señal de solidadidad.  Él recuperó la salud y creció grande y fuerte. Además, su voz es cada vez más potente (para la alegría de sus padres humanos).


Ahora, un año después, gracias a sus dotes de gran cazador, se le dio un papel protagónico como "Ben" en el cuento "¡Soy una cazadora!", donde aparece junto a su hermana Dulúu. 

Si desea leer este relato, lo puede encontrar en el libro Gatohólicos Anónimos.

Artemis, el gato de la ventana


Artemis

Artemis es el enigmático gato blanco que aparece en el cuento “Dos hogares, dos historias y un gato”, en el libro "Gatohólicos Anónimos". 

No se sabe mucho de él porque llegó al hogar ya adulto en 2003 y, por desgracia, murió en enero de 2005, debido a complicaciones renales. Sin embargo, esos dos años de convivencia mostraron a la familia que Artemis era un gato pacífico y que ya antes había estado en contacto con personas. 

Artemis fue quien se acercó a la familia, sentándose por las noches en la ventana de la cocina hasta que se le permitió entrar.

Si desea leer este relato, lo puede encontrar en el libro Gatohólicos Anónimos.